contacto@obsidianadigital.mx

Microplásticos, el plato principal de cada día: Carolina Ruiz

Microplásticos, el plato principal de cada día: Carolina Ruiz

por Emiliano Cassani | Oct 26, 2023 | No. 7 Océano y Cambio Climático, Translúcido

Abres los ojos después de un descanso profundo, hipnotizado por el vaivén de las olas del mar; a un costado, una cerveza fría escarchada con sal, acompañada por un coctel de camarones que esperaste todo el año, desde que planeaste vacaciones en tu playa favorita. Un momento en el paraíso. ¿Cierto? Pues sí lo es, pero no todo es perfecto porque tanto la arena de la playa como cada uno de los productos de esa mesa contienen microplásticos.

“Desde el Everest hasta las fosas de las Marianas podríamos rastrear la ruta de los microplásticos, porque están donde no deberían, estos contaminantes emergentes están en prácticamente todo lo que nos comemos, además de que los respiramos. Lo peor de todo, es que no se sabe aún con exactitud cuáles son las consecuencias e impactos en nuestra salud. Conocer su dinámica es muy importante porque podemos investigar cuál es la fuente principal y tratar de mitigar su propagación”, explicó en entrevista para Obsidiana la doctora Ana Carolina Ruiz Fernández, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Vida Submarina, el Objetivo del Desarrollo Sostenible (ODS) 14, aborda la necesidad de gestionar y proteger sosteniblemente los ecosistemas marinos y costeros para evitar efectos adversos importantes, fortalecer su resiliencia y adoptar medidas para restaurarlos, a fin de restablecer la salud y productividad de los océanos.

Cuando se configuraron los ODS, en 2015, nuestro país sólo le había dado importancia a mantener las extensiones de las áreas naturales protegidas marinas e invertir en investigación, únicamente a través de la Secretaría de Marina, expuso la doctora Ruiz Fernández.

La doctora Ruiz a bordo del barco oceanográfico Ciencias Do Mar III, de la Universidad Federal Fluminense de Brasil, entrenado a un grupo de investigadores de 18 países de Latinoamérica.

“La acidificación de los océanos, la contaminación por microplásticos y el exceso de nutrientes en los océanos son problemas que nuestro país había dejado de lado. Ahora, a partir del año pasado, a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se involucró a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y se le proveyó de fondos para saber cómo estamos en México respecto al manejo de plásticos y qué pasa con la contaminación por microplásticos en nuestra región”, agregó.

Estos contaminantes emergentes están en prácticamente todo lo que nos comemos, además, los respiramos.

La doctora Ruiz indicó que los investigadores que hasta el momento estudian los microplásticos en México lo hacen principalmente con financiamiento nacional, que viene del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, y es muy escaso.

Los microplásticos, agregó, nos acompañarán por mucho tiempo y es importante que nuestro país esté preparado con información para identificar los ecosistemas a los que más les urge intervención; además de que se desarrollen a la par medidas de mitigación y estrategias para evitar que siga llegando tanto desecho a nuestros ecosistemas.

Encontraron, advirtió, que todos los organismos tienen plástico; hasta en los músculos del camarón, tanto del que se cultiva como del silvestre. Si se habla de ostiones o peces es la misma historia, realmente todo tiene microplásticos y no es una exageración.

“En los registros históricos de la zona del estero de Urías, en Mazatlán, se puede observar que hay una tasa de crecimiento de microplásticos moderada hasta los años 90, pero después se dispara con un incremento de casi 20 veces por año, es exponencial. Crece la densidad de población, sube el consumo masivo de plásticos, pero esa población no tiene la facilidad de desecharlos masivamente, entonces todo se convierte en un basurero”, lamentó la doctora que se ha hecho acreedora a las medallas Alfonso Caso y Gabino Barreda por méritos académicos.

Conservar áreas naturales protegidas para frenar el cambio climático

Entre bosques de abeto, pino y encino, el río San Pedro Mezquital recorre 540 kilómetros a través del país. Es el séptimo río más caudaloso de México, el último que cruza libre de presas la Sierra Madre Occidental, y conecta el desierto chihuahuense con el Golfo de California. Es la arteria principal que suministra agua dulce a Marismas Nacionales, el manglar más extenso del Pacífico mexicano.

No se sabe con exactitud cuáles van a ser las consecuencias e impactos en nuestra salud.

Sin embargo, en septiembre de 2014 autoridades gubernamentales plantearon y autorizaron la construcción de la hidroeléctrica Las Cruces en el río San Pedro Mezquital.

“La Comisión Federal de Electricidad (CFE) había hecho estudios en su momento y decía que los sedimentos de ese río no alimentaban a Marismas Nacionales, con lo cual justificaban la viabilidad de su proyecto. Lo que hicimos fue tomar muestras de sedimento a lo largo del cauce del río hasta llegar a Marismas Nacionales e identificar la composición, para poder ver si se podía trazar este transporte sedimentario”.

Este estudio realizado por la doctora Ruíz Fernández demostró la inviabilidad de la construcción de la hidroeléctrica. “Por supuesto hubo otros problemas asociados con este proyecto, la población estaba muy en contra, pero la parte científica, el estudio químico de los sedimentos, también fue muy importante para rebatir esa premisa que defendía la CFE”, puntualizó. 

Es así como la investigación científica puede evitar daños irreversibles en áreas naturales, y abonar para moderar el cambio climático.

Subsistir amando el territorio

De acuerdo con datos de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), 51% del territorio en México corresponde a propiedad social, sobre el cual tienen derechos más de 5.3 millones de ejidatarios y comuneros quienes, junto con sus familias, habitan los más de 32 mil núcleos agrarios que existen en el país, distribuidos en 29 mil 674 ejidos y 2 mil 371 comunidades que forman parte de la estructura productiva.

“El primer reto es la resistencia, hay muchos sectores de la población que ven las zonas de manglares como muy atractivas para su propia subsistencia y para hacer negocio. No les conviene hacer conservación o restauración de estos ecosistemas porque tal vez sea su modo de vida. El área de manglares es un problemón porque, frecuentemente, éstas  pertenecen a ejidatarios o agricultores”, explicó la doctora Ana Carolina Ruiz.

Es importante que nuestro país esté preparado para identificar los ecosistemas a los que más les urge intervención.

“Una vez que se logra convencerlos de llevar a cabo acciones de conservación o restauración, habrá que retribuirles el dejar de utilizar sus terrenos para hacer negocio, pero debe haber una fuente de financiamiento para esa conservación. La venta de bonos de carbono azul, por ejemplo, es un dinero semilla, pero hay que crear otros modelos, enseñarles a tener otro tipo de actividades de subsistencia que les permita vivir de manera digna, en vez de degradar el ecosistema”, mencionó la doctora.

En Latinoamérica hay experiencias positivas. “Si uno va de paseo al estero del Verde Camacho, en Sinaloa, te pasean por la zona de los manglares, y una parte del recorrido incluye comer camarones que se producen ahí mismo; le da un valor agregado porque son las mismas señoras de la comunidad quienes los guisan. Luego llevan a los turistas a la playa para que liberen tortugas al mar. El secreto es ese, que haya diversificación de actividades”, narró la doctora, quien recibiera la medalla Sor Juana Inés de la Cruz, por su destacada labor como investigadora.

Frenar la contaminación de los humedales

“Si las autoridades dieran seguimiento adecuado al cumplimiento de las leyes ambientales, se minimizaría considerablemente el flujo de contaminantes que llega a los humedales costeros. Ha habido pérdidas de hasta el 80% de zonas de manglar en los últimos 100 años”, resaltó Ruiz.

“A nuestros territorios —señaló— no se les debe poner un precio, debemos resaltar y enseñar a las entidades gubernamentales y a empresarios que este es el único planeta en el que podemos vivir, que esos ecosistemas cumplen muchísimas funciones, que si los destruyes hay repercusiones, no sólo en la zona costera, sino en nuestro continente y todos vamos a salir afectados”, finalizó la doctora Ruiz Fernández.

Contacta a Carolina Ruiz: caro@ola.icmyl.unam.mx

Emiliano Cassani
Compártelo con tus amigos.