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Cambio climático, emergencia global: Amparo Martínez

Cambio climático, emergencia global: Amparo Martínez

por Emiliano Cassani | Oct 20, 2023 | No. 7 Océano y Cambio Climático, Translúcido

Amor, ilusiones, sueños y fracasos quedaron reducidos a un polvo gris claro, residuo del efecto de la combustión completa. Mientras se consumía el oxígeno disponible para los que intentaban huir asustados, toda una ciudad vio el cielo pintarse de negro, el Sol se oscureció, la Luna no mostraba su resplandor y las estrellas se desdibujaron.

Las llamas envolvieron la ciudad de Maui, en Hawái, el martes 8 de agosto de 2023; al menos tres grandes incendios continuaron ardiendo para el viernes 11, alimentados por una sequía pronunciada y ráfagas de viento de hasta 100 kilómetros por hora que provocaron la muerte de más de 100 personas y la desaparición de más de mil. Según los expertos, la temperatura global y las sequías aumentan las probabilidades de que se produzcan estos fenómenos.

El cambio climático no fue el responsable directo de lo ocurrido en la isla. Los incendios forestales pueden darse de forma natural o artificial; pero su intensidad, duración y alcance se ven fuertemente influenciados por el incremento en la temperatura del planeta.

“Todos los días, en alguna parte del mundo, podemos darnos cuenta que el cambio climático tiene al planeta entero en estado de emergencia. Una situación tan compleja no se podrá resolver con medidas aisladas o cortoplacistas, lo único que funcionará es emprender una transformación social de largo plazo”, mencionó en entrevista para Obsidiana, la doctora Amparo Martínez Arroyo, ex directora del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC).

Como ejemplo, en abril de 2003 la doctora Martínez Arroyo trabajó por iniciar en México el Sistema Nacional de Información sobre la Calidad del Agua en Playas Mexicanas y, con ello, empezar el Programa Nacional de Playas Limpias, un esfuerzo en el cual participaron las Secretarías de Turismo, Medio Ambiente y Recursos Naturales y la de Salud.

El cambio climático tiene al planeta entero en estado de emergencia.

A lo largo de ese año sistematizó y homogeneizó el monitoreo del agua de mar, de acuerdo con los criterios descritos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para las aguas de mar de contacto recreativo. Actualmente, las autoridades estatales de salud, siguiendo los lineamientos emitidos por la Secretaría de Salud y en coordinación con ésta, realizan muestreos y análisis del agua en cada uno de los 17 estados costeros de México. El programa ha demostrado su eficacia.

“Cuando me invitaron a este proyecto yo era investigadora. Lo primero que hice fue ver quiénes estaban involucrados; me encontré con una gran desarticulación, había más de 20 dependencias relacionadas con cuestiones de las playas y costas en México, pero tenían una relación muy limitada entre ellas. Era absurdo”.

El Programa de Playas Limpias, agregó, no implicaba nada más ir a tomar muestras a la playa y decidir si medían Enterococcus u otro tipo de microorganismos. Era necesario determinar las fuentes (desde dónde venían), qué pasaba con la basura, los desagües y las construcciones, señaló la doctora Amparo Martínez, investigadora titular del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Sobre todo en temas ambientales, no hay manera de hacer grandes proyectos y transformaciones si no se cuenta con la participación de distintos sectores de la sociedad.

Durante su participación en la Red de Áreas Marinas Protegidas de América del Norte frente al Cambio Climático se elaboraron lineamientos con fundamento científico para planificar y crear redes de áreas marinas protegidas, tomando en cuenta los efectos del cambio climático esperados en los ecosistemas marinos. El área de interés se extendió desde el Atlántico occidental tropical —incluidos el mar Caribe y el Golfo de México— hacia el norte, hasta el mar de Labrador.

“En este proyecto fue muy interesante aprender cómo la articulación internacional puede aplicarse a cuestiones nacionales. Debíamos establecer áreas que protegieran las migraciones marinas por el Pacífico e involucrar a la gente que podía tener una incidencia en su protección o en su depredación, para tratar que la parte humana estuviera controlada”.

Para contribuir efectivamente a combatir el cambio climático se requiere de voluntad política.

Investigación en cambio climático

La doctora Amparo Martínez, cuyas líneas de investigación analizan la variabilidad y cambio climático y su efecto en ecosistemas acuáticos, dijo que el Servicio Mareográfico Nacional (que depende de la UNAM) únicamente cuenta con el apoyo que se le da desde la universidad, y eso complica el alcance y efectividad del servicio.

“Necesitamos una estrategia nacional que contemple una inversión más fuerte en investigación, pero que incluya monitoreo que ayude a saber con anticipación si viene una marea roja, si vienen contaminados los moluscos o peces. También se podría monitorear las fuentes que hay en tierra y que perjudican los ecosistemas. Esto se relaciona con la pobreza pesquera y con el deterioro del medio ambiente”, advirtió.

“Si observamos, medimos y comparamos con lo que pasó el mes o el año pasado, eso obliga a tomar medidas. La sociedad puede exigir a sus autoridades que se tomen medidas ante esas evidencias de los cambios”.

Investigación desde el Estado

“Es fundamental que se establezcan instituciones del Estado dedicadas a la investigación, porque la nación debe tener datos confiables y objetivos para trabajar”, indicó.

La investigación en universidades, puntualizó, puede ayudar y contribuir, pero no siempre tienen la capacidad para ver los problemas políticos de financiamiento, gestionar relaciones internacionales, o de integrar información. A estas alturas está muy claro que la investigación sobre el medio ambiente debe ser interdisciplinaria.

El modelo de institución dedicada a la investigación debe ser financiado con recursos públicos, debe ser autónoma, con libertad de investigación para poder contribuir de forma objetiva a los planes de desarrollo nacionales. Pero, al mismo tiempo, debe seguir a largo plazo los planes que el país necesita.

No se trata de cambiar un poquito las cosas, tenemos que repensar nuestra forma de vivir, ser creativos y constructivos.

“Instituciones como el INECC, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), o el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), deben interactuar con la academia y la comunidad científica; y también fomentar la formación de nuevos investigadores y funcionarios que sean científicos, eso podría cambiar muchas de las cosas que ya se hacen”, declaró.

Una cuestión de voluntad política

“Los mayores retos no son los de cuestiones científicas. El foco rojo que necesita más atención en nuestro país para que realmente se contribuya de manera efectiva a combatir el cambio climático es la voluntad política, de organización e infraestructura”, expuso.

La doctora Martínez Arroyo, quien también cuenta con una línea de investigación sobre la relación atmósfera-biosfera en sistemas acuáticos, explicó que el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) encabezó el proyecto del Consorcio de Investigación del Golfo de México (Cigom).

Hace 13 años, en el Golfo de México, ocurrió un derrame de cerca de 800 mil toneladas de petróleo, equivalentes a cinco millones de barriles de crudo; el accidente sucedió en la plataforma Deepwater Horizon, bajo operación de British Petroleum.

Petróleos Mexicanos (Pemex) financió un gran proyecto de investigación para prever un posible derrame y sus consecuencias. Así surgió el Cigom, que conjuntó a cerca de 350 investigadores, 400 estudiantes y técnicos de diversas universidades.

Entre los éxitos del Cigom está el Atlas de Línea Base Ambiental del Golfo de México, la más extensa caracterización oceanográfica que se haya desarrollado en el país; indispensable para la planificación y la toma de decisiones en cuestiones oceanográficas.

Este tipo de experiencias exitosas deben tener financiamiento a largo plazo, además de replicarse en todo el país. “No se trata de cambiar un poquito las cosas, tenemos que repensar nuestra forma de vivir, ser creativos y constructivos”, indicó la doctora para concluir.

Contacta a Amparo Martínez: marroyo@unam.mx

Emiliano Cassani
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