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La nueva variedad en encuestas electorales

La nueva variedad en encuestas electorales

por Ricardo de la Peña | Abr 27, 2024 | Espejo, No. 9 Matemáticas Electorales

México es un país en el cual, por su realidad política y pluralidad mediática, las encuestas electorales despegaron tardíamente. Aunque la medición de características poblacionales mediante estudios científicos por muestreo arrancó tiempo atrás, a cargo de instancias gubernamentales especializadas en estadísticas, geografía y epidemiología; fue apenas hacia los años 70 del siglo pasado, hace media centuria, que se inició la medición de preferencias electorales a través de encuestas divulgadas después al público.

Las condiciones de competencia creciente y la diversificación de medios de comunicación dieron lugar a un rápido crecimiento de la cantidad de encuestas que se publicaban, y la reflexión crítica entre especialistas permitió mejorar su calidad. 

Es así como en la década de los noventa del siglo XX, la ciudadanía contaba ya con decenas de mediciones para las más diversas elecciones,con la posibilidad de cotejar datos para distintos momentos de los procesos y con distintas casas encuestadoras como fuente; muchas de ellas de reciente creación y especializadas en opinión pública; otras, empresas de investigación de mercados que incursionaron en el espacio electoral de forma complementaria.

Producto de toda esta actividad, a principios del siglo XXI se estableció lo que podría definirse como el canon de la investigación científica por encuesta para fines electorales. Se llegó entonces a un consenso que establecía que las encuestas previas a unos comicios debían realizarse a partir de procedimientos de selección probabilística de las muestras, con entrevistas presenciales en las viviendas de las personas, para evitar acotar la muestra solamente a quienes contaran con teléfono; un modo de aproximación que considerado entonces —y aún ahora por muchos expertos en la materia— como inadecuado.

En México, las encuestas electorales despegaron tardíamente por su realidad política y pluralidad mediática.

Actualmente, las posibilidades de acceso presencial a toda la población son cada vez más limitadas por problemas de cierre de espacios habitacionales al libre tránsito de personas y la creciente inseguridad que se vive en el país y, al mismo tiempo, las condiciones de cobertura telefónica se han modificado.

Hoy en día, las encuestas cara a cara alcanzan a menos del 90% de su población objetivo y las encuestas telefónicas pueden cubrir por su parte a más del 80% del electorado, por lo que las deformaciones por razones de cobertura entre uno y otro modo de aproximación son cada vez menores; aunque es cierto que por vía telefónica las tasas de rechazo son mucho más elevadas que por modalidades presenciales.

A estas formas de aproximación se han sumado, en los últimos años, ejercicios realizados a través de Internet, contactando conjuntos de población por métodos no probabilísticos. Desde luego, la capacidad de inferir rasgos del universo a partir de estas muestras es científicamente nulo aunque, en su defensa, las empresas que operan estudios asistidos digitalmente, refieren la pretendida cercanía entre lo que miden y lo que ocurre en las urnas, aunque ello sea falso y, a la vez, irrelevante ante la falta de respeto de los criterios propios de la investigación científica.

Así, nos enfrentamos a una realidad en la cual coexisten diversos modos de aproximación a los informantes a través de ejercicios demoscópicos. La cantidad y variedad de encuestas presenciales en vivienda sigue siendo similar a la existente en el pasado, y la inmensa mayoría de encuestadoras que recurrían tradicionalmente a este tipo de procedimientos, lo siguen haciendo.

Observamos un crecimiento en la cantidad total de encuestas difundidas y una diversificación de las metodologías para la toma de información con miras a producir estimaciones de carácter preelectoral, pues al método canónico se suma en la actualidad un gran número de estudios por vía telefónica, lo mismo producto de entrevistas realizadas por operadores humanos que mediante respuesta de voz interactiva, llamadas robotizadas. Eso, sin incluir las mediciones no probabilísticas llevadas a cabo a través de Internet y por ende, no científicas, que no deberían considerarse realmente encuestas.

Por vía telefónica, las tasas de rechazo son mucho más elevadas que por modalidades presenciales.

Analicemos un ejemplo real. Al comparar los resultados de distintos métodos aplicados para estimar los resultados en las elecciones para gobernador durante 2021-2023, se descubre que las encuestas mediante entrevistas presenciales ubican como líder al ganador efectivo en una proporción sensiblemente mayor que por otros métodos. Este orden tiene una efectividad superior al 90% cuando se entrevista a la ciudadanía en viviendas, contra menos del 70% de exactitud en otros modos de aproximación.

Asimismo, la distancia media entre lo calculado por encuesta para cada contendiente y el resultado en las urnas es más corta cuando la medición se realiza utilizando entrevistas cara a cara, con menos de 8% promedio de diferencia. 

El único otro modo que aproxima con una exactitud relevante son las encuestas telefónicas con respuesta de voz interactiva, con una distancia media del 8.5%, mientras que las telefónicas personalizadas y los ejercicios no probabilísticos asistidos por Internet presentan una distancia media por encima del 10%.

Aunque es corto el tiempo durante el cual los diversos modos de aproximación han coexistido, este conjunto de estimaciones pudiera considerarse como paradigma basado en una evaluación de 268 ejercicios conocidos (en relación con las elecciones para gobernador 2021-2023) que, si bien pudiera no ser exhaustiva dada la dificultad de recuperación de muchas mediciones, muestra que el modelo canónico de realización de encuestas continúa siendo la manera más exacta y confiable para realizar encuestas preelectorales.

Lo anterior puede hacerse a pesar de que es de sobra conocido que entre una medición por encuesta y los votos emitidos se presentan condicionantes que pudieran explicar la distancia entre una y otra distribución, además del sesgo en las mediciones, como es la diferencia en maneras de acopiar los datos, el lapso entre estimación por muestreo y la elección, el reparto desigual de los votantes reales respecto a quienes se definieron en una encuesta, etcétera.

La entrevista presencial con selección probabilística de las muestras es la manera más confiable para realizar encuestas preelectorales.

A pesar de ello, las encuestas realizadas mediante entrevistas presenciales representaron apenas la sexta parte de todas las mediciones publicadas, siendo la mayor proporción las encuestas telefónicas “robotizadas”, que representaron más de la tercera parte de los ejercicios.

Esta situación se está repitiendo en las encuestas previas a las elecciones de 2024 en México donde, en el caso de la contienda presidencial, las encuestas por método presencial representan menos de la quinta parte del total de encuestas aplicadas, mientras que en los estudios de alcance estatal la proporción es aún menor.

Ello se debe a diversos factores, entre los que se incluye en primerísimo lugar el costo, que es mucho menor para los ejercicios automatizados que cuando se entrevista a los electores en sus viviendas. En segundo lugar cabría referir la mala publicidad que han recibido —en algunos casos justificada— las encuestas por método tradicional, y el desapego de los medios y patrocinadores al historial de exactitud según el modo de aproximación utilizado. Y, en tercer lugar, la rapidez de los resultados, prácticamente inmediato para encuestas telefónicas y digitales, y de varios días para estudios mediante entrevistas presenciales.

Por todo lo anterior, lo idóneo en este momento sería que los patrocinadores de encuestas realicen mediciones aplicando entrevistas en vivienda, las cuales deberían, a su vez, intentar buscar una reducción sensata de sus costos, sin menoscabo de la calidad de sus ejercicios, y acortando los tiempos entre toma de datos y su difusión. No es algo imposible de lograr y, de hacerse, la confiabilidad de las encuestas sería mayor para los interesados y para la ciudadanía en general.

Ricardo de la Peña es Presidente Ejecutivo de ISA, Investigaciones Sociales Aplicadas ®. Presidente del Consejo Directivo de la Cátedra Internacional de Opinión Pública. Líder del Grupo sobre Metodologías de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales. Coordinador de Relaciones Académicas de CEDE, Colegio de Especialistas en Demoscopia y Encuestas.

Ricardo de la Peña

Investigaciones Sociales Aplicadas

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